ESA NOCHE (Relato)



Por
Julia Araúz Rodríguez


Estuve entre sus brazos esa noche. 

La temperatura estaba baja, el viento soplaba intempestivamente, la noche era más oscura de lo habitual, tanto que no permitía que ambos cuerpos se vieran en aquella cama de sábanas blancas y fundas con hermosos encajes. A él no le gustaba estar en la oscuridad, se levantó y de uno de los cajones del ropero sacó una caja de velas aromáticas. Comenzó a colocarlas cual si fuera yo una virgen y nuestra cama un santuario. 

A mí, me gustaba hacer el amor con música y él lo sabía. Colocó la memoria en el televisor y seleccionó el mix que a mí me gustaba para acompañar nuestra hermosa velada.

Poco a poco nuestras ropas comenzaron a decorar el piso. Mi piel se erizó al sentir el calor de su aliento y su lengua recorrer cada centímetro de mi cuerpo. Me susurró al oído "Te Amo", era la primera vez que lo decía, yo lo miré con mucho amor. Hacía meses que lo amaba sin decirle nada, pues nuestra relación era un secreto para todos y para nosotros sin compromiso, sin derecho a recibir el café de la mañana sentados los dos alrededor de una mesa, hablando de lo que haríamos durante el día y de los posibles pagos por realizar, para mantener en orden la casa.

Su mano se deslizaba suavemente por mi abdomen, hasta que llegó al punto intermedio de mi cuerpo, el punto especial que solamente él podía tocar como nadie lo había hecho. Disfrutamos mucho esa noche, mi cabello largo y liso sobre mi espalda, su mano sobre uno de mis pechos, su boca junto a la mía, sentí su aliento y el sudor de su cuerpo junto con el mío, fusionados como lo estábamos nosotros esa noche, mis manos sobre su espalda al sentir el placer proporcionado hicieron de las suyas llevándose entre ellas, la piel de él. 

Después del estaxis de ese encuentro apasionado quedamos exhaustos y me recosté sobre su pecho, mientras él, acariciaba mi espalda y me decía lo mucho que le gustaba mirar mi cuerpo cuando hacíamos el amor. Al despertar estaba abrazándome y besando mi hombro derecho, me dijo que no quería perderme. Nos levantamos de la cama y nos bañamos juntos, cada vez que estoy bañándome ahora, lo recuerdo frotando mi cuerpo y besándome bajo la regadera.

En este momento me encuentro sentada con una taza de café, una sonrisa y mi dedo índice en mi boca, recordando el momento en que hacíamos el amor. Extrañando su calor, su aliento y sus hermosos brazos, solo me queda, el perfume que me llevé de su habitación.

A veces sueño con disfrutar de su presencia nuevamente, pero es imposible. Su muerte me ha dejado atónita, y ya no encuentro ese ser que sea capaz de complementarse a mí como él lo hizo. Me pasaré el resto de mi vida recordando… Esa Noche.


JULIA ARAUZ RODRÍGUEZ: Escritora radicada en Jinotega, psicóloga de profesión y participante activa en el Taller.


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