LAS MÁSCARAS DE MI APARIENCIA (Relato)
Por
Cenelia Rostrán.
Desde
niña solía ver tras mi ventana en las largas horas del día, muchos niños
sonriendo y jugando en los jardines de sus casas; tenían muchos juguetes y
vestían bonitos; su mamá los observaba desde la puerta de aquella gran mansión,
se notaba en su mirada cuan grande era su amor.
¿Y yo?,
yo estaba ahí como otros tantos días, observando la alegría de los demás, mi
casa estaba llena de gente, pero parecían estatuas y algunos robots, parecían
no tener vida y yo estaba a punto de convertirme en invisible.
Y así
pasaban mis días tristes y desolados, mi mamá me gritaba estando tan cerca de mí,
mi padre trabajaba sin cesar y nunca me daba su tiempo, ni siquiera me
escuchaban cuando yo les hablaba; jamás tuve la oportunidad de contarle mis
problemas y escuchar de ellos que todo estaría bien, ellos vivían en su mundo,
pero olvidaron que yo era parte de el; fue mi triste realidad.
Pasaron
los años y yo crecí sin saber lo que era un abrazo familiar, sin imaginar todo
lo que causa un te quiero acompañado de un beso en la frente; aún así, mi amor
hacia mis padres seguía intacto y nunca perdí las esperanzas de que ellos me
demostraran su amor.
Muchos
años pasaron y yo era toda una mujer exitosa, sin ayuda de nadie me esforcé
para salir adelante, aunque en realidad todo lo que aparentaba ser era una máscara;
me decían “wahoo que fortaleza tienes para hablar en público, para dar
consejos, eres tan amorosa” y muchas otras cosas más.
Pero
en mi cuarto siempre era la misma niña de aquellos años, siempre lloraba y pedía
una oportunidad a mis padres, de que antes de partir, me dieran el privilegio
de sentir y experimentar su amor, pero jamás obtuve respuesta alguna.
En mi nueva vida parecía tan segura de mi
misma, cuando por dentro moría de miedo al hablar frente a un público, el mismo
miedo que me daba exponer cuando era infante, el mismo miedo que me daba al
escuchar gritar a mi madre, el miedo que me daba su mirada cuando estaba
enojada; no obstante, me puse la máscara de la seguridad para que nadie notara mi
debilidad.
Decidí
convertirme en la mejor consejera y aparentar lo bien que me había ido en la
vida, cuando en realidad jamás recibí un consejo de nadie, hacía que muchos se
pararan fuerte ante los desafíos de la vida, cuando en verdad yo temblaba por
muchas situaciones que me hacían decaer.
Hablaba
de amor como lo mas hermoso en la vida, lo mas grandioso, lo mas perfecto, pero
yo ni siquiera había experimentado una mínima gota de amores, de esos que
llenan el alma y tocan el corazón.
Y fue
así como encontré tantas máscaras que marcaron mi apariencia, simplemente mostré
todo lo que de niña quise tener; el amor como privilegio, la seguridad como mi
fortaleza, la alegría como mis ganas de continuar, el apoyo como el camino a
mis más grandes sueños y la vida como el viaje mas hermoso en la tierra.
Cualquiera
que me viera ahora, pensaría que soy una mujer inmensamente feliz, que tuve
buena infancia, que no tengo problemas y me imagino que muchos dirán “quisiera
ser como ella” pero no saben lo que eso significaría.
No
saben que cuando regreso a mi casa me quito las máscaras de la apariencia, paso
de ser segura a la mas insegura, intento aconsejarme como lo hago con los demás
y se me hace tan difícil, ya no tengo la máscara de las compañías perfectas
porque me encuentro muy sola, dejo aquel amor que cuando intenta acercarse lo
tomo desapercibido porque en el fondo no se como actuar, dejo mi altivez y
fortaleza, porque en mi cuarto soy tan débil, dejo atrás las sonrisas del día
para llorar una vez más sobre mi almohada.
Máscaras,
quisiera no solamente fueran eso, en realidad quisiera ser así día y noche,
pero me es tan complicado olvidarme de mi triste realidad, que pronto haré otra
máscara aparentando lo amada que me siento cuando en realidad no tengo idea de
lo que siente ser amada con sinceridad.
Si
alguien un día apareciera y me dijera que mostrara todo lo que aparento ser,
con actos y no con palabras, entonces ese sería el fin de todas las máscaras de
mi vida; porque yo tan solo puedo hablar y aparentar, pero no actuar.
Me pregunto si no existieran las palabras, ¿no habría justificación para tantos actos?
Cenelia Rostran
17/05/20
Ciudad de escritores
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